El argentino salió a la cancha
consciente de que debía enfrentar a un rival que utiliza el saque como arma
primordial. Pero el de Azul tuvo la paciencia necesaria para, no solo agarrarle
la mano al servicio de Karlovic, sino también lograr un quiebre fundamental en
el octavo juego. Esa diferencia le permitió cerrar el set con un 6-3 a su favor.
La
segunda manga tuvo una tónica muy similar. Un Delbonis con una mentalidad
estable y con un tenis sólido logró un nuevo quiebre para reondenar un 6-4 que
no solo le daba una ventaja más amplia, sino que aumentaba su confianza.
En el tercer, y definitivo, set,
Delbonis dio una muestra de su tranquilidad. Con un aplomo ejemplar, dominó
ampliamente el juego, no le dio chances a Karlovic y decretó el triunfo con un
6-2 que no hizo más que graficar su amplia supremacía.
Después, solo quedó tiempo para las
emociones. El de Azul quedó en el piso, debajo de la montaña humana que
conformó la delegación argentina en el alocado festejo.

